Cada vez que llega la Semana Santa se repite la misma historia y ésta que hace poco nos abandonó no iba a ser diferente. Una vez más los suplementos semanales que nos “regalan” los diarios se ven plagados de artículos en los que se ensalza la figura del viajero, casi divinizándola, y se ridiculiza la del turista. Estos artículos, generalmente escritos por señor@s de un nivel adquisitivo bastante más holgado al del común de los mortales y, por lo que se ve, únicos depositarios del buen gusto y el savoir faire, dogmatizan sobre cómo ha de ser un viaje, sobre cómo debemos comportarnos en un país extranjero, sobre qué y dónde debemos comer, sobre qué exclusivas tiendas que visita tal o cual famosete no podemos perdernos e incluso deciden en qué momento del año hemos de hacer nuestro viaje, a qué país viajar y cuánto debería durar nuestra estancia allí. Desprecian sin miramientos al currante o estudiante que, arañando segundos a sus ínfimas vacaciones y vaciando de "leuros" cada uno de sus bolsillos se afana en visitar el mayor número de lugares posibles, en comer los socorridos platos combinados y en beber refrescos en lugar de degustar los excelentes platos y la magnífica selección de vinos que puede encontrarse en la carta del afamado restaurante de turno que ya visitó el que escribe. Tienen la desfachatez de añorar aquellos veranos en los que visitar Paris o Roma no suponía el incordio de encontrarse con cientos de japoneses cámara en mano, con miles de jóvenes mochileros tirados en las estaciones de Metro (turismo de alpargata lo llaman), con turistas de bermuda y camiseta que sentados en cualquier fuente devoran bocadillos envueltos con papel Albal. Aquellos si eran buenos tiempos para el viajero dicen ellos. ¿Por qué me da la impresión de que quienes escribes esos artículos no han tenido que enfrentarse nunca a un contrato basura? ¿Por qué tengo la sospecha de leer la pataleta de lo que para ellos debe ser el canto del cisne de su mundo privilegiado?
Y es que, afortunadamente los tiempos cambian, aunque a algunos les pese y además ya es hora de que se enteren: Jack London, que ese sí era un viajero, murió hace ya mucho tiempo.
Y es que, afortunadamente los tiempos cambian, aunque a algunos les pese y además ya es hora de que se enteren: Jack London, que ese sí era un viajero, murió hace ya mucho tiempo.
2 comentarios:
No me resisto a la tentación de expresarte mi opinión sobre este tema, tras haber sido cautivado por tu estilo narrativo...
Estoy de acuerdo contigo en que es absolutamente igual de valioso el viaje "iniciático" y "solemne" que nos proponen los teóricos burgueses de tres al cuarto, como los viajes "de alpargata y sandwich de jamón y queso"...El pensamiento posmoderno cobra aquí su máxima expresión...Es lo mismo Verdi que Camela, Macbeth que Mortadelo y Filemón, Picasso que Mingote, etc... Sin embargo, lejos de ese tufillo a clasismo y actitud de "pijo repeinado" que asoma en esos artículos...Creo firmemente en el viaje como búsqueda interior y detesto los viajes "de cumplir objetivos" fotografiándolo todo... Y creo que tú, gran viajera, también verás la diferencia.
Estoy contigo totalmente en lo del viaje como búsqueda interior (no hace falta citar al muy socorrido Cavafis) y no me gusta nada ese tipo de viaje en el que uno se ajusta, cual cuadriculado germano, a un itinerario programado y no osa adentrarse en una callejuela que no hubiera previsto inicialmente. Creo que el pobre desgraciado que gana un mísero sueldo o que tiene unos ahorrillos por haber trabajado en un McDonalds a tiempo parcial mientras está estudiando también tiene derecho a pisar Praga, Naypyidaw, La Habana o Uagadugú en las condiciones que pueda permitirse o que le dé la gana. Por otra parte, tampoco es mi intención ir de "marxistarecalcitrantesalvadoradelproletariado". A mí también me gusta disfrutar de un buen vino y una excelente comida a orillas del Sena, por poner un ejemplo. Lo que me molesta es la actitud de gurú, de pozo de sabiduría infinita del intelectualconsagradodereconocidoprestigionacional que dogmatiza sobre cómo ha de ser la vida de los otros mientras trata de ajustar la suya a las listas de lo "más in y lo más out".
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