No sé si os habéis relacionado alguna vez con una de esas personas que acumulan cosas que a nuestros ojos parecen totalmente inútiles. Yo conozco la casa de una “Gran Coleccionadora”. Aunque quizá coleccionar no es lo más apropiado para definir el hacinamiento de objetos inservibles que se almacenan anárquicamente por toda su casa. Recuerdos nacarados de primera comunión con fotos de niños que hoy, sin duda, ya serán adultos, “auténticos” jarroncillos chinos fabricados en serie, flores de plástico que en los años setenta ya amarilleaban, calendarios de gatos y risueñas nenitas rubias que devoran sandía mientras anuncian compañías de transportes nacionales e internacionales a precios asequibles para la pequeña y mediana empresa, relojes de sobremesa a los que casi siempre les falta alguna que otra pieza irreemplazable, bolsas de plástico con migas resecas de pan en su interior, monederos de polipiel, zapatos de diferentes tallas que expolió cuando la fábrica en la que trabajaba su difunto marido sufrió un “desafortunado incendio”, decenas de papeles de regalo con su correspondiente pegatina tipo "espero que te guste", un espantoso tití disecado vestido de marinero , varios aparatos de radio abandonados en cuanto empezaron a fallar sus pilas y más de 100 insólitos objetos comprados en el Todo a 100 de la esquina forman este completo catálogo del kitsch más radical.Siempre me he preguntado qué extraña necesidad mueve a estos acaparadores, a estos grandes acumuladores.
Tal vez tienen mala memoria y cada objeto es la llave de la que se sirven para acceder a un recuerdo olvidado.
Puede que nunca encuentren el momento apropiado o el valor necesario para deshacerse de ellos.
Se me ocurre que necesitan rodearse de cosas porque se sienten solos y utilizan los objetos como pobres sustitutos de personas.
Aunque tal vez sea mucho más simple que eso: ¿y si lo que realmente quieren es convertir sus casas en museos especializados en Pop-Art? Leí hace tiempo que la madre de Andy Warhol era una de estas personas de las que antes hemos hablado. A lo mejor no voy tan desencaminada...
1 comentarios:
Una vez más me asombras con tu capacidad de generar temas interesantísimos. Yo tengo algo de ese defecto-virtud de acumular cosas. No sé si se corresponde con buen gusto, indigencia congénita o fabricación de "compañía" que sustituye a las personas...
Sólo sé que me rodeo de papelillos extraños como bolsas de azúcar con una frase en portugués, esas entradas del cine donde vi una película impactante, un boli de mi abuela, un reloj roto que usé de adolescente, una servilleta de bar donde ella plasmó sus labios, etc...
etc...
Hace tiempo, preocupado por esta enfermedad, y recordando a Isabel la de San Vicente, que metía tantas bolsas en su casa que no podía salir... encontré una teoría que me satisfizo: Para mí, la recopilación de cosillas obedece a un afán simbolizador implacable. Sólo aquello que pasa a cargarse de carácter "divino", "sagrado"... "emotivo", queda atesorado en mi casa.
tal vez tenía razón Thales cuando dijo:
"Todo está lleno de dioses"
Publicar un comentario en la entrada